SER MERANISTA EN EL EXTERIOR

Publicado por WEBMASTER | 19 de Mayo, 2019

excelencia
Por: Equipo de Comunicaciones

Ana María Peña, egresada de la promoción 2011, estuvo de visita en el Instituto para conversar con Proyectivo B y C acerca de su experiencia como estudiante en el exterior y de las posibilidades que tienen abiertas para seguir este camino cuando se gradúen del IAM.

“Es la mejor decisión que he tomado. Hubiese sido más fácil quedarme en Bogotá, junto a mi papá y mi mamá. Aunque los primeros semestres fueron incómodos, valieron la pena porque me formó carácter”.


Cuando cursaba Proyectivo B empezó a planear su viaje a Estados Unidos. Lo hizo con antelación para tener tiempo de estudiar y presentar los exámenes de admisión, sobre todo si había que repetirlos. En su mente siempre estuvo presente el tenis, como su principal motivación, muy lejos de pensar en querer irse de su casa, sentir una presión social o familiar e incluso, de subestimar la educación del país. Sin embargo, dos circunstancias fueron cruciales, dice ella:

“No fui promovida de Proyectivo B por actitudes. Tanto mis padres como yo tuvimos rabia y pensamos en salirnos del IAM. Pero si uno estudia en el Merani, sabe que las competencias actitudinales hacen parte fundamental de nuestra formación. Y la mejor muestra de eso es que si me hubiese graduado sin repetir año, no hubiese estado lista. No sabía quién era. Porque no sabía si lo que hacía era por decisión propia o porque me decían que debía hacer.


“La preocupación generalizada de algunos padres de familia y estudiantes sobre el IAM es el aprendizaje del inglés. Pero, la estructura de la gramática que me enseñaron me sirvió mucho para el inglés escrito. Hice un curso en el Colombo pero no me ayudó pues no sirve para el nivel que se necesita para defenderse en la cotidianidad. Así uno sea de colegio bilingüe, es difícil ponerlo allá en práctica, todos pasan por la misma dificultad. Pero la única manera de aprenderlo y perfeccionarlo es allá mismo”.


Al graduarse del IAM, con 17 años, obtuvo una beca deportiva e hizo parte del equipo de tenis durante 4 años. Entre 2012 y 2016 Ana María estudió biología y química en la Universidad de Charleston en West Virginia. Según Ana, para que esto fuese posible, sí fue necesario tener contactos en los Estados Unidos que la guiaron para elegir la universidad, la aconsejaron sobre su estadía y solucionaron el montón de dudas que mitigaron un poco el miedo que una decisión de este tipo conlleva.

Presentó un excelente examen y mantuvo un rendimiento académico destacable. La lectura crítica y las matemáticas la pusieron muy por encima de sus pares norteamericanos y europeos, aunque la adaptación a las relaciones sociales fue unos de sus mayores retos; romper esa barrera cultural como latina no fue fácil, ni tampoco la eximió de comentarios machistas o indiferentes por parte de sus compañeros

“Hoy más que nunca valoro el haber vivido experiencias no tan buenas. Muchos de mis compañeros se retiraron cuando perdieron el primer examen o cuando vieron que no se adaptaban a los compañeros y se deprimieron. Yo decidí que era mejor aprovechar la oportunidad, no darme por vencida y sin querer, aprendí de estas circunstancias que más adelante me ayudaron a darle apoyo y contención a los estudiantes nuevos que llegaban a la Universidad”.


Se graduó en 2016 del pregrado y decidió organizar su vida laboral como neurofisióloga en Washington D. C., labor que ejerce en la actualidad. Ocho años después, volvió al Merani, ya no para hacer Niveles sino para verificar la pertinencia de todo lo que vivió y, de paso, aconsejar desde su experiencia a los estudiantes de Proyectivo, quienes la escucharon expectantes. No tuvo reparo en reiterarles la importancia de salir de la zona de confort en la que viven, de planear con tiempo la etapa universitaria, de cuidar los promedios y notas que servirán como referencia académica, de aprender a escribir con la profesora Vanessa Vargas ensayos argumentativos, que, según Ana, le ayudó hasta a conseguir trabajo; pero, sobre todo, a valorar el tipo de formación que reciben.

“Entre más crezco, más aprecio al Merani. Mientras que estamos acá, nunca valoramos la clase de educación que recibimos. Entramos en conflicto cuando vamos mal en autonomía, por ejemplo. Pero no se imaginan lo mucho que me sirvió el haber aprendido qué es tener sentido propio, sobre todo cuando viajas y debes tomar tus propias decisiones, hacerte responsable de ti misma. Habrá situaciones difíciles, que pueden sobrellevarse con el apoyo familiar, pero habrá más recuerdos gratificantes porque cuando menos piensas, el tiempo pasa y te da la razón que la mejor decisión fue haber tomado ese riesgo que nació desde la propia convicción de darle sentido a mi proyecto de vida”.


La invitación que hicimos a Ana María de participar con sus experiencias en el IAM se extiende a todos los egresados. Con actividades como esta, el Instituto Alberto Merani busca mantener abiertas las puertas a sus egresados y, al mismo tiempo, fortalecer el diálogo con los estudiantes. De este modo, es posible dar un apoyo más a la construcción de los proyectos de vida de quienes no se han graduado mientras seguimos tejiendo comunidad.



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