BIBLIOTECA 3D: UNA BIOGRAFÍA BIBLIOGRÁFICA

Publicado por WEBMASTER | 19 de Mayo, 2019

excelencia
Por: Melissa Vera (Egresada IAM 2003, Equipo de Comunicaciones IAM)

La biblioteca institucional ha sido epicentro y testigo de los cambios más significativos de la historia del Merani. Tres décadas de exploración, creación y aprendizaje a través de la lectura. Gracias a Gerardo, a Ruth, a Milena y a Mario por narrar esta historia conmigo.
(La autora)

Un comienzo difícil:
Cuando el Instituto se estableció en su sede actual, surgió la necesidad de tener una biblioteca. Un desafío más para los fundadores. Según Gerardo Andrade, fundador y uno de los principales precursores de la biblioteca, los directivos se preguntaban constantemente: ¿Cómo vamos a dotarla? ¿De dónde va a salir el dinero para los libros, la estantería y todo lo que implica poner en funcionamiento una biblioteca?

En ese momento apareció un amable antioqueño llamado Bernardo Herrera Merino, quien donó el dinero para adquirir los primeros materiales. La biblioteca recibió entonces el nombre de su benefactor. Esos materiales se componían sobre todo de títulos de pedagogía, psicología e historia, a partir de los cuales los fundadores buscaban favorecer la capacitación de los docentes. Formar a los profesores ha sido parte de la innovación del Merani desde sus inicios. Como lo explica Gerardo, con frecuencia solo podían comprar un ejemplar de cada libro, pero cuando llegaba a la biblioteca alguna novedad, algún título que estuviese en auge en el momento, los profesores y las directivas se turnaban impacientemente para poder sacarlo de la biblioteca y leerlo. Era todo un fenómeno. Los recursos eran pocos pero se valoraban muchísimo.

Poco a poco llegaron más donaciones y adquisiciones. Normalmente a todas las ferias del libro, primero Gerardo y Julián, y luego todos los jefes de área, llevaban dinero y grandes maletas para comprar libros que fuesen útiles para la enseñanza en las diferentes áreas del saber. Dinero propio, otras veces de la institución, todo con tal de seguir enriqueciendo las modestas colecciones que se estaban conformando recién en aquel momento. Para que se hagan una idea del tamaño y condiciones que tenía esa primera biblioteca institucional, hecha con esfuerzo y mucho apoyo, su ubicación inicial era el reducido espacio del actual Salón Múltiple. Estaba compuesta por dos espacios: el repositorio de los libros, al cual los estudiantes no teníamos acceso; y la sala de lectura, donde además de un par de mesas y estantes con revistas, se encontraba el único televisor disponible en todo el Instituto: de madera y con botones giratorios.

Con el retrovisor puesto
Como estudiante tuve la oportunidad de conocer la biblioteca en sus inicios, y tengo muchos y muy bonitos recuerdos en ella. Era un espacio que ahora juzgo pequeño y a decir verdad no muy cómodo, pero como antes de eso yo nunca había conocido ninguna biblioteca, en ese momento me parecía espectacular.

Había pocos libros para niños, pocos cuentos, ninguna tira cómica. Intenté con diferentes temáticas, psicología, sociología, hasta que encontré la que sigue siendo mi colección favorita: la de historia. Pasé largas horas de mis cortos ocho años de vida leyendo textos muy complejos cuyo sentido probablemente lograba captar sólo de manera precaria y superficial, o quizá nunca comprendí y aún no lo sé.

Mi compulsión por la lectura fue tal, que mi mamá se vio obligada a cambiarme los regalos de cumpleaños, ya no sólo quería ropa o juguetes, también le pedía libros. Luego empezó a comprarme libros sin que se los pidiera, y así comenzó una larga y estrecha relación entre los libros y yo. Hasta nuestros días, si alguien quiere hacerme feliz con un regalo, sabe que quizá la manera más segura de cumplir el objetivo es con un libro. ¡Magia!

El televisor de la biblioteca, con su betamax y su VHS que estaban muy lejos de ser Full HD, me sirvieron para ver los documentales que más me asombraron y me abrieron la posibilidad de entender el mundo: “Cosmos” de Carl Sagan y “Los Grandes Secretos” de Egipto. Más y más aportes a mi curiosidad insaciable de niña de Conceptual.

Emilia, la bibliotecaria de entonces, con frecuencia tocaba la campana que había en la entrada, junto a la puerta, para informarnos que se había acabado el descanso porque el timbre se dañaba. A veces íbamos y tocábamos la campana y salíamos a correr. En otras ocasiones íbamos por el espacio entre el muro de la Biblioteca y la pared de cerramiento del Instituto y azotábamos todas las ventanas mientras Emilia estaba atendiendo a alguien o distraída. Uno se las ingeniaba para divertirse antes de los juegos on-line. Los días de fastidiar en la biblioteca se acabaron cuando llegó como encargada la emblemática Ruth Jiménez, a quien todos conocemos y apreciamos, al punto que muchos no imaginamos a Ruth fuera de la biblioteca ni a la biblioteca sin Ruth.

Como ella misma reconoce, veintidós años después de haber llegado como bibliotecaria, el principal y más necesario aprendizaje de su trabajo ha sido la disposición permanente para atender a todos los miembros de la comunidad. Y es que estudiantes y profesores de todas las generaciones debemos reconocerlo: si no fuera por Ruth no recordaríamos la importancia de cosas tan elementales como guardar silencio en la sala de lectura, lavarnos las manos antes de manipular las páginas de los libros para no dañarlos, o renovar nuestro préstamo oportunamente para evitar multas.

A medida que el Instituto fue creciendo, la biblioteca también. Del sistema por fichas, más básico y apropiado para una biblioteca pequeña, pasamos al código de barras y la sistematización del catálogo con sus obras disponibles. En ese punto de la historia entra en acción otro importante personaje, cuya labor pocos conocen.

Toda biblioteca grande necesita un bibliotecólogo: alguien que la administre, que clasifique los libros y organice el catálogo general por colecciones. Don Mario Velandia es nuestro bibliotecólogo desde el 2004. Sin su trabajo no podríamos buscar ni encontrar ningún libro. La verdad es que mientras lo entrevistaba para hacer esta nota sentí algo de envidia: lee todo tipo de libros para catalogarlos y puede profundizar o detenerse en el que guste. Como él mismo reconoce, lo que más disfruta de su trabajo es toda la cultura que ha podido adquirir.

Biblioteca para rato:
Para el año 2019, la meta de Milena junto a otra docente, Liliana Silva, es llevar a cabo una nueva versión del Club de Lectura, esta vez contando con una mayor vinculación de las familias. La idea es que los padres reciban la información sobre los libros que se leerán en voz alta en el club, y que se constituyan en una invitación o recomendación de lectura para realizar en casa.
Así, aunque para muchas personas el mejor momento que ha tenido la biblioteca es el actual, gracias al trabajo de muchas personas, algunas de las cuales tuve el privilegio de entrevistar para la realización de esta nota, el sueño de una biblioteca cuyos mejores días están por venir, parece estar cada vez más cerca. Y es que todos los entrevistados tienen un punto en común al imaginarse la Biblioteca del futuro, en diez años o veinte. Todos coinciden en que la imaginan más grande, con más libros de temas más diversos, y abierta a la comunidad de San José de Bavaria y de Suba en general.
Pero yo ya escribí suficiente. Ahora les toca el turno a ustedes, amables lectores: ¿Ya visitaron nuestra biblioteca? ¿Qué es lo que más les gusta de sus nuevas y confortables instalaciones? ¿Ya leyeron alguna de sus últimas adquisiciones? ¿Qué ha sido lo que más le ha gustado de todo lo que han encontrado allí? ¿Qué recuerdo memorable tienen en la biblioteca? ¿De todas las estrategias para fomentar la lectura que tenemos en el IAM, cuál es la que más les gusta? ¿Qué se les ocurre para incentivar la lectura entre sus conocidos? ¿Cómo creen que puede mejorar nuestra biblioteca? ¿Cómo les gustaría que fuera en unos años?
¡Anímese a seguir escribiendo estos 30 años de historia! Comparta sus respuestas al correo comunicacionesiam@institutomerani.edu.co

Vea la versión completa del artículo en la edición de Ícaro primer trimestre de 2019:
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