Colombia: Década de desafíos educativos
Escrito por Administrator
Editorial escrito por el director del Instituto Alberto Merani, Julián De Zubiría Samper sobre los retos educativos que debe afrontar la educación colombiana.
Con ese título fue convocado recientemente por la Revista Dinero un desayuno de trabajo al que asistimos diversos investigadores, decanos de facultades de Educación, funcionarios públicos, rectores y expertos en educación. La idea era ponernos de acuerdo en torno a los principales derroteros que deberían orientar la educación colombiana en la próxima década.
La exposición inicial estuvo a cargo del ex alcalde Antanas Mockus, en su calidad más de pedagogo que de ex funcionario público. Para Mockus, los móviles de nuestras acciones son los intereses, las emociones y la razón. De acuerdo con la tesis por él sustentada, la educación colombiana tendría que garantizar que los estudiantes razonaran más sus acciones. Es decir, que involucraran en mayor medida las reglas y los acuerdos, para que efectivamente aprendieran a manejar mejor los motivos de la acción. La escuela debería enseñar a razonar más y mejor a sus estudiantes, de tal manera que los jóvenes que pasen por ella no actúen solamente en busca de sus propias motivaciones a partir de sus emociones iniciales. La razón debería mediar las emociones y los intereses individuales.
Según su análisis, unas acciones más razonables se producirían si hiciéramos más visibles nuestros intereses, si enseñáramos a los estudiantes a manejar mejor sus emociones y si todas nuestras acciones fueran previamente razonadas. A juicio de Mockus, un cambio como el propuesto, favorecería la disminución de los niveles de violencia que sigue viviendo nuestro país, ya que aparece en su análisis, por lo menos en parte, como resultado de la baja calidad del sistema educativo. Una escuela como la actual, que no enseña a valorar las razones, termina por promover soluciones violentas de las inevitables diferencias que surgen de la convivencia humana.
La segunda parte de la reunión consistió en organizar diversas mesas de trabajo para analizar la tesis anterior según el nivel de escolaridad -inicial, básica y universitaria- y desde diversas perspectivas de nexo entre la escuela y la sociedad, como las relaciones entre educación y sector empresarial, las relaciones con la investigación, el impacto de la globalización o los aspectos financieros de la educación, entre otros.
Por limitaciones de espacio, comentaré exclusivamente, lo que a juicio de la mesa de educación básica debería enfatizarse en la educación del país en la próxima década.
La mesa compartió la tesis central de Mockus en el sentido de demandar una acción mucho más importante de la educación básica y media para favorecer el desarrollo de la razón. Frente al énfasis que sigue teniendo el aprendizaje fragmentado, descontextualizado y particular que ha predominado hasta el momento, la escuela colombiana en la próxima década tendrá que privilegiar el desarrollo de la razón y el análisis. Como dice el proverbio chino “Si le damos un pescado a un niño lo alimentamos un día, pero si le damos una caña de pescar lo alimentaremos toda la vida”. Tristemente, la escuela actual colombiana sigue dando pescados y casi ninguna “caña de pescar”.
Nuestros estudiantes pasan muy poco tiempo dedicados a la comprensión de los conceptos esenciales de las ciencias, a su interpretación o el análisis, y todavía es menor el tiempo dedicado a aplicar dichos conocimientos o a promover en niños o jóvenes, ideas, preguntas o soluciones originales.
Según la prueba ICFES del año 2008, que presentan todos los estudiantes que culminan la educación media en el país, tan sólo dos de cada 100 jóvenes alcanzan un buen nivel en comprensión lectora y tan sólo el 1% un nivel alto en argumentación. Esto significa que después de 12 años de escolaridad, la escuela colombiana no logra que los estudiantes comprendan adecuadamente un texto, ni que alcancen buenos niveles de argumentación. 12 años de la escuela actual no han sido suficientes para que los jóvenes colombianos desarrollen procesos de análisis e interpretación de los hechos sociales, matemáticos o naturales.
Según la última prueba internacional PISA -realizada durante el año 2006-, la cual evalúa la comprensión lectora y el dominio de conceptos en ciencias y matemáticas, ocupamos el puesto 53 entre los 56 países que la presentaron. Estos dos resultados evidencian que Mockus tiene toda la razón: la escuela actual colombiana no desarrolla la razón de niños y jóvenes. Y debido a ello, el paso por la educación básica no está mejorando los niveles de comprensión lectora, ni nuestros niveles de argumentación y análisis. Hemos fracasado en esta tarea y debería ser una meta conjunta garantizar una escuela que favorezca los niveles de interpretación, argumentación y pensamiento de los estudiantes.
Sin embargo, en las deliberaciones de la mesa se consideró que mejorar los niveles de razonamiento no podría ser la única tarea de la escuela, ya que sería equivocado abandonar la dimensión emocional, estética, sensible, social o práctica del ser humano. Mucho menos, en una sociedad en la que las funciones que históricamente cumplió la familia, gradualmente han ido dejando de hacerlo. La vinculación de la mujer al trabajo, la disminución en el número de hermanos y la crisis de la familia nuclear y extensa, entre otros, han significado que la familia actual cumpla cada vez menos con la formación emocional y social de los niños y jóvenes colombianos. La tristeza y la soledad son hoy enfermedades mucho más comunes en jóvenes, de lo que eran cuando nuestros abuelos fueron niños.
Ante este hecho casi incuestionable, es indispensable que la escuela reivindique una formación más integral del ser humano. Es hora de que la escuela entienda que el área de artes es esencial para favorecer la sensibilidad humana, que la educación física cualifica los niveles de trabajo en equipo, el manejo de la frustración o la necesidad de logro, entre diversas actitudes y, que el trabajo conjunto de todos los maestros debería garantizar el equilibrio emocional, la sensibilidad y la inteligencia práctica, a la par con el desarrollo de la capacidad de análisis e interpretación de niños y jóvenes. Porque si el impacto de la escuela actual es bajo desde el punto de vista intelectual, muy seguramente todavía es menor su incidencia en la sensibilidad, socialización y la afectividad de los niños, dado que estas temáticas han estado, en general, inexplicablemente excluidas de los procesos de formación escolar.
Como puede verse, desarrollar la razón es un fin que tendrá que volverse esencial en las escuelas del futuro en nuestro país, sin tener por ello que abandonar las otras dimensiones humanas. Es cierto, la escuela nos tiene que enseñar a pensar, pero también, y simultáneamente, nos tiene que enseñar a amar, actuar e interactuar. De allí que nunca podrá renunciar a su tarea esencialmente humanística: formar a un ser humano con criterio propio que contribuya al desarrollo social.
Lo complejo es que para lograr los cambios deseables en la escuela básica colombiana, es necesaria una transformación profunda en los fines y contenidos, tal como la han adelantado los canadienses o los europeos en las últimas décadas. Hay que entender que con los contenidos vigentes en la educación en el país no es posible desarrollar ni el pensamiento, ni el afecto, ni la acción, ni la interacción. Para lograrlo, se requiere que la educación se comprometa en mayor medida con el desarrollo que con el aprendizaje. Para lograrlo, es necesaria una escuela que entienda que la información está al acceso de la mayoría de niños y jóvenes colombianos, pero que ellos necesitan herramientas para interpretar la información, competencias para poner en práctica los conocimientos adquiridos, e interés por el conocimiento para impulsar su búsqueda de manera autónoma.
Este cambio en la educación ya se ha iniciado en otras latitudes, y consiste en desarrollar en niños y jóvenes competencias de carácter más general, más integral y más contextual. Se necesita que los conocimientos no se enseñen de la manera fragmentada, mecánica y rutinaria como se siguen enseñando en Colombia y América Latina. En Europa del norte dicha revolución educativa la ha liderado Finlandia. De allí que no resulte extraño que mientras nosotros ocupamos en las pruebas PISA el puesto 53 entre 56 países, Finlandia haya ocupado, en estas pruebas, el primer lugar en los años 2000, 2003 y 2006.
En consecuencia, lo que viene en la educación básica del país es crear una escuela que nos enseñe a pensar, sentir, amar e interactuar. Pero para lograrlo, necesitamos un cambio profundo en los fines y los contenidos vigentes actualmente en la educación básica. Eso es lo que pensamos algunos de los rectores de diversos colegios que nos hicimos presentes en el Encuentro promovido por la Revista Dinero, y ojalá en eso estén de acuerdo el Ministerio de Educación y las Secretarías de Educación, por el bien de los niños, pero sobre todo, por el bien del país.